Aninés Macadam - editora - aninesmacadam@gmail.com

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sábado, 20 de agosto de 2016

Carola

Una obra de Roque Vega
CAROLA
(Cuentos de mi barrio)

Con todo mi afecto y admiración
a la actriz Marta Martín

Narrador:

A la Carola, le decían Pupet,  lo supimos por las malas lenguas del barrio.
Tertulias de almacén, panadería, fue en la frutería de don Alberto, que de paso sea dicho, a su señora esposa, la Diana, no  hay chisme que se le escape ¡ya ve como nos enteramos! En este barrio no hay muchas chismosas, pero que las hay, las hay, l igual que en todas partes.

Esto viene a cuento, porque la Carola, ya no tiene más inquilinos, que al Sergio.

¿Qué pasará con semejante casa? Nadie lo  sabe.
-¡eso se verá! dijo doña Susy, que mucho no la traga, por eso, que la Carola ha frecuentado la noche y los bailongos.

La casa es espaciosa, dos piezas adelante pasillo y puerta cancel, el patio grande, tres habitaciones más, cocina con dos ventanas, al fondo la piecita para cachivaches. Las dos parras, la higuera, sin contar el naranjo, y la mandarina, que están detrás de la cocina, en el patiecito para tender la ropa.

La suegra del Carlos lo escuchó, fue ella quien lo escuchó, y viste, la  vieja no miente.  La suegra del Carlos lo sabía y se fueron todas para la peluquería del Aurelio.
Allá está la Friné, vos viste como es la Friné, ella una duquesa, la que trabaja, corta que te corta, peina que te peina, tintura , claritos y demás , es la otra  pobre, la Cintia.

Dios te libre de llegar al salón del “estilista” a la hora de la novela, porque podes pernoctar en la peluquería.

domingo, 26 de julio de 2015

Calles olvidadas

Un dibujo de Roque Vega, el mismo inspiró el cuento Calles olvidadas.

 Calles olvidadas

-Vos como un duque, ¡cómo lo que sos! , dijo la Olga mientras le acomodaba el nudo de la corbata

Juan intentó decir algo. Ella continuó.

-Te sonreís ¿entendés  Juan? , te sonreís, siempre.

-Ni una palabra demás… ¡Un duque!

-No te emocionas por nada,  sos un tipo duro, tranqui, un hombre de mundo
-¡Y vaya si lo sos!  ¡Vaya si lo recorriste!

-No tengas apuro por regresar.

-Si hay otra vuelta de whisky, o un café más, vos tranqui  Juan, ¡te quedás!

-¡Vos decidís! No tenés que dar explicaciones ¡entendido Juan!

-Ya sabés,  en cuanto veas que la cosa está por terminar, me llamás,
arreglo con el trompa, y te mando al pibe  del laburo.

¡Un dandy Juan, un dandy!

Salió de la pieza, apoyó la puerta sin  ponerle llave.
El perro, estaba echado junto a la pileta de lavar.
-¡Nos vemos! le dijo,  el animal apenas si movió las orejas.

Lentamente cruzó el largo pasillo que finalizaba en la destartalada puerta,  esa puerta, con algún recuerdo de viejas pinturas.

Hacía mucho que recorría el pasillo sin mirar  el patio, prefería ignorar.
Las piezas vacías  y la pared con menos revoque que pintura.
Macetones  sin plantas, y alguna seca rama de la enredadera, aferrada a la delgada columna del alero.
Y allá, casi llegando a la salida, un vano recuerdo del parral.

-¡No sé para que se le ocurre que nos juntemos! Pensó mientras cerraba la puerta.

El tenue silencio  entrecruzaba las veredas. El barrio  más callado, la cortada le pareció más silenciosa.
Cruzó  la calle. La luz del bar,  iluminaba un ángulo de la vereda, justo sobre la esquina.
Un par de mesas afuera y esa pareja que  sonreía.

-Hace tanto, que, ya da igual.
- ¿Para qué? no lo entiendo.
-Si yo  estaba tranquilo, finalmente en mi lugar. 

-¡Ya fue todo eso! ¡Hablar de  cosas viejas!  ¡No sé para que!

Cruzó frente al bar, saludó al gaita: - ¡ya sabes... no! - ¿Entendiste?

El gaita, haciendo una seña lo tranquilizó.

- Eh, gaita, no te olvides, cuando venga el Antonio, cinco y cinco ,al burro y las plantas, en las dos, a la  cabeza.

Sonriendo se despidieron.

domingo, 19 de julio de 2015

Y después el arrabal

Una obra de Roque Vega
Y DESPUES EL ARRABAL
Roque Vega
Monótona y persistentemente, llovió durante todo el día.
Varias veces, espió la calle  a través de la ventana.
Entre tango y mate se aquieta la tarde en su propio silencio balanceándose
de un recuerdo a otro.
De tanto en tanto, se ve la luna entre  las nubes que corren hacia otro destino.
Las calles se reflejan aquí y allá, en los pequeños espejos abandonados por la lluvia. Las veredas zigzaguean el especial ritmo del sábado a la anoche.
Reflejos y sonidos.
Necesita salir, caminar un rato. Nueve menos cuarto, abandona el garaje rumbo a la ciudad, al doblar hacia la avenida, enciende la radio.
Mira a través del espejo. Nadie, está solo.
Al cruzar el segundo semáforo, nuevamente mira el espejo. Observa el extraño brillo de sus ojos.
El recuerdo de la lluvia invierte sobre la calle la estática ciudad.
El espejo le confirma que continúa solo por la avenida.
¡Sí! ¡Brillan! ¡Sus ojos brillan! ¡Reconoce el resplandor de otros sábados, otro tiempo, cuando estaban todos y el barrio acariciaba su vida!
Cientos de imágenes por su mente.
Los partidos en el baldío de la esquina, luego el boliche ¡Y allá! ¡Junto a la mesa de billar, la conoció!
A lo lejos divisa el intermitente letrero. Deja el coche. Guarda el ticket en el bolsillo y sale.
Silencio.  Las vidrieras iluminan estáticamente, sin brillo, lo justo, como en un cuadro.
 Nadie. Mira hacia ambos lados,  cruza la avenida.
Camina varias cuadras. Aquí y allá, breves recuerdos de la l
 Siente sed.      
La brisa balancea los oxidados colores del cartel  anunciando: “Ribera Bar”
A través de los cristales, presiente la mortecina luz interior, que, desganadamente, ilumina las mesas sobre la vereda.
Entra. Sobre la mesa de billar, dos tacos  cruzados sobre el verde paño.
Cruza frente a la rocola.
Sobre una mesa junto al billar, en un latoso cenicero, humea un cigarrillo.
Silencio.

domingo, 12 de julio de 2015

Cuentos de mi barrio - Don Francisco

CUENTOS DE MI BARRIO
“DON FRANCISCO”

El almacén con despacho de bebidas, es parte de la vida cotidiana de mi barrio, está situado a media cuadra de la plaza, sobre la cortada que da hacia el río.
Ese edificio y don Francisco, su dueño,  son la misma cosa.
En su interior, aun están los grandes mostradores con cajones vidriados, donde otrora se exhibían los fideos, azúcar,  arroz, yerba, harina, polenta etc. etc.
Ahora, en su lugar, como corresponde por el tiempo, todo empaquetado y la indescifrable señalización de rayitas.
Sobre el mostrador, aun brillan las balanzas, junto a una de ellas,  los cobertores de cristal para el dulce de batata, membrillo y el queso de cáscara roja. Y allá, sobre las latas de galletitas,  colgados   los jamones y salamines.
Sobre el costado derecho del almacén, las botellas de aceite, los vinos y las gaseosas, un poco más allá, el expendedor, ya sin uso, de kerosene.
Cuento completo: http://roquevegaletras.blogspot.com.ar/2011/04/cuentos-de-mi-barrio-don-francisco.html#comment-form

martes, 17 de mayo de 2011

La esquina del ombú


“LA ESQUINA DEL OMBU”

“Tanta infancia,  tantos sueños,
cobijó bajo sus ramas, la esquina del ombú”

Afectuosamente a Nidia Lencina

La llovizna, dejó presentir el fondo de chimeneas, que, monótonamente interpretaban su canción de humo.

Amaneció  lluvioso y fresco, perfecto clima para una mañana de sábado con  mate, charla y crocantes facturas recién traídas de la panadería.

Llevaba más de veinte minutos en espera del remis, cuando,  finalmente lo vi subir la rampa del gran Hotel.

Nomás me acomodé,  le indique al chofer: - a la esquina del ombú, por favor.

Sin más que: - como Ud. diga Señor-  nos dirigíamos  a esa dirección tan extraña como poética.

lunes, 16 de mayo de 2011

Las Brazzi


“LAS BRAZZI”


“La simpleza del barrio,
aun brilla en nuestras miradas”

Afectuosamente a Nidia Lencina

Así  las llaman. Viven en el caserón,  a mitad de la cuadra. Pasillo largo al fondo. Adelante, está la gallega, la mamá de Javier, los que atienden el   despacho de vino y aceite.

Las Brazzi son eso, algo de allá, al fondo del pasillo.

Se las visita en  momentos muy especiales. Son bordadoras y planchadoras  de ropa muy fina.

Viven en esa casa desde siempre, pertenecen a la memoria del barrio.

Cuando se las necesita, Bety es la que atiende; es la más joven y también la más bajita de las tres. Muy amable, de pocas palabras, no le gusta conversar.  

Bibi, la mayor, casi no se la ve, siempre adentro, plancha y borda, borda y plancha, no es sociable para nada, te mira de reojo y sigue en lo suyo.

Violeta, la del medio, es la excepción, no hay acontecimiento, chisme o novedad del barrio, que no  sepa.

Violeta es coqueta, cabello ondeado, perfectamente  peinado, labios exageradamente pintados. Tiene labios finos y algo se pasa de los límites.
¡Es un personaje! siempre pre-dispuesta  para ayudar a los vecinos en lo que necesiten. Servicial, sonriente, ella no es como las hermanas: - Esas son amargas  me aburren-  lo dice a cada rato.

miércoles, 27 de abril de 2011

A modo de presentación


Cuentos de mi Barrio, es solo la pretensión de re-armar, la maqueta  de aquel lugar de la infancia.

Nací, hace muchos años, en el barrio de Colegiales, exactamente en la Av.Cabildo al 100.
Esa época, cuando uno se forma día a día, ha quedado grabada en mi mente. Muchas veces llegan los fantasmas en forma de recuerdos, y doy gracias a Dios, al destino, a la vida, como cada cual quiera llamarlo, el  haber vivido ese tiempo, cuando rompía la escarcha, junto al cordón de la vereda, con mis zapatos nuevos, al ir a la escuela.
Cuando, ver el paso del tren, bajo el puente de la calle Ciudad de la Paz, demoraba mí llegada a casa.

Ya lo dije, uno se llena fantasmas ¡solo son recuerdos que se piensan en silencio! Por ejemplo, el jazminero embriagando el patio, en aquellas noches de verano, cuando  toda la vida estaba por delante.

Estas narraciones, solo pretenden la sencillez del dialogo con el amigo.
Cuando, café por medio, se intenta recordar, como eran las cosas y como son, desde está esta nueva óptica, que dan los años.

Cuento completo:
http://roquevegaletras.blogspot.com/2011/04/modo-de-presentacion.html#comments
Visitar: http://roquevegaletras.blogspot.com/