ilustración de Aninés Macadam
DOLOR DE MADRUGADA
Nélida Puig
Duerme en la estación,
de almohada, un pantalón gastado de tanta calle…
Y sueña con un oso de peluche que lo abraza,
aunque no escuche su dolor de madrugada,
cuando el hambre se apodera del silencio
y hasta el sol que está naciendo lo condena a despertar.
Se lava los ojos con agua de un charco
que el último llanto tiñó de marrón…
Se mira las manos ardidas de dudas,
buscando respuestas que nadie le dio.

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